Artículo firmado por John Vinocur en International Herald Tribune / The New York Times.
“La idea de que España pudiera convertirse en objetivo de los mercados mundiales, una bolsa de monedas presionando a la baja el euro, es una noción absurda, pero no impensable. Es absurdo en el sentido de que España es un gran país, enérgico, creativo y competente, que en 25 años se deshizo de una etiqueta despectiva de lugar barato para pasar dos semanas al sol para convertirse en la quinta economía de Europa, para convertirse en el mayor inversor extranjero en Latinoamérica y, desde todos los puntos de vista, en turbina cultural de producción de estupendas películas, de ropa que la gente desea llevar, de comida excepcional, y de representante de un gran fútbol y baloncesto”.
“En 2010, esta es una percepción razonable y generalizada. Sin embargo, los hechos de España asustan: 19,5 por ciento de desempleo, casi la mitad del grupo de edad de menores de 25 años sin trabajo; 600 mil millones de euros, o 820 mil millones de dólares en hipotecas pendientes tras el final del auge de la construcción hace dos años, y un tipo real de cambio que la Comisión de la UE considera sobrevalorado en un 10 por ciento. La productividad y la competitividad son bajos ¿Qué hacer? El gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, señala que si no se realizan reformas ‘urgentes’ y ‘ambiciosas’ en el mercado laboral, la economía española entrará en un periodo ‘duro y complicado’”.
“Lo más sorprendente en Madrid es su aparente ausencia. Existe una especie de letargo. No hay ningún programa de choque propuesto por la oposición de derechas con metas específicas para cambiar la economía española durante las próximas semanas y meses. Y el gobierno socialista del presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero parece balbucear confusamente, lanza recortes al aire y después se tambalea echándose atrás. La política española, francamente, no parece estar a la altura de la intensidad de acción que la economía del país y las circunstancias financieras requerirían y apenas es consciente de las consecuencias que tendría para la opinión del mundo sobre Europa, si España se pusiera de rodillas”.
“El Partido Popular, al que las encuestas sitúan siete puntos por delante de los socialistas si se celebraran ahora elecciones, da la impresión de no querer hacer nada, que pudiera espantar a un posible votante”.
Euractiv.com
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