Los ejes del programa de la Presidencia polaca se centran en favorecer el crecimiento, aumentar la seguridad en todos sus sentidos y lograr que la Unión se abra más a sus vecinos del Este.
En el flanco económico, la prioridad de los polacos es mejorar la disciplina fiscal, la regulación y supervisión de los mercados financieros y, en general, preservar la estabilidad. Todas esas maniobras llevarán la marca indeleble de la crisis de deuda que viven los países del euro, un club del que Polonia no forma parte. Por ese motivo, Varsovia delegará en el Eurogrupo y en las estructuras ya establecidas para lidiar con la crisis, sin adoptar un perfil especialmente alto en la gestión de estos desafíos.
Kacper Chmielewski, portavoz de la Representación Permanente del país ante la UE, ha dicho que la UE está bien equipada para afrontar esta crisis y, por lo tanto, no hay razón para discutir la composición institucional existente y liderada por el Eurogrupo. A su vez, cree que los países del euro están en el buen camino y que sus problemas dependen fundamentalmente del ciclo económico.
En todo caso, y aunque quisiera, al país le resultaría muy difícil jugar un papel más prominente en la gestión de esta crisis que está en manos de los miembros de la Eurozona. Así lo cree Piotr Kaczynski, experto del Centre for European Policy Studies (CEPS), un think tank especializado en asuntos europeos. En declaraciones a este diario, ha señalado que no ser miembro de la Eurozona es una limitación importante en materia de decisiones económicas: Puede que Polonia juegue sus cartas, pero serán suplementarias, ya que no estará en el asiento del conductor.
Amigos y vecinos
Como ya ocurriera con la húngara, la Presidencia polaca se verá inmersa también en los cambios que sacuden la orilla sur del Mediterráneo. Sin embargo, Varsovia tratará de desplazar parte de la atención hacia los vecinos del Este, donde tiene más influencia. La guinda de sus esfuerzos por abrir la ventana hacia estos países será la Cumbre del Partenariado Oriental, que tendrá lugar en septiembre y reunirá a los jefes de Estado y de Gobierno de ambos bloques.
No obstante, con la guerra en Libia y los procesos de transición abiertos en Túnez y Egipto, Kaczynski cree que no es posible desplazar el centro de atención demasiado hacia el este. En todo caso, Varsovia puede contribuir de forma silenciosa a los cambios graduales, lejanos a los titulares, que se producen en el vecindario oriental. En concreto, la Presidencia impulsará las negociaciones para la firma de los acuerdos de asociación y de los tratados de libre comercio con Ucrania y Moldavia.
También tratará de lograr avances con Rusia en un periodo en el que las relaciones entre el Kremlin y la UE atraviesan un momento amargo debido a la reticencia de los rusos a abrir sus puertas a los productos hortofrutícolas europeos. La agenda bilateral es amplia e incluye la liberalización de visados y el ingreso de Rusia en la Organización Mundial del Comercio (OMC), organización a la que el Kremlin espera unirse este año.
El portavoz de la Representación polaca ha señalado que Varsovia tiene más experiencia que otros Estados miembros en las relaciones con Moscú, del mismo modo que los países del sur de Europa están más acostumbrados a tratar con los países del norte de África. Esperamos poder establecer un nuevo acuerdo de cooperación para el desarrollo y la modernización, pero hace falta que también los rusos colaboren, ha señalado.
Efectivamente, los polacos tienen más experiencia en el trato con los rusos que la mayoría de los europeos, pero las rencillas existentes hacia Moscú dentro del escenario político polaco también son más importantes. Sin ir más lejos, Jaroslaw Kaczynski, líder del opositor Partido Ley y Justicia, aseguró anteayer que Rusia es el principal responsable del accidente de avión de abril de 2010 en el que murió su hermano gemelo y entonces presidente del país, Lech Kaczynski.
La mirada de los polacos hacia el Este también les llevará a intentar impulsar en la medida de lo posible los procesos de adhesión en la región. Sin embargo, Kaczynski ha señalado que Varsovia no tiene un candidato favorito, al contrario que Hungría, que se volcó en favor de Croacia. Cree posible que, durante este semestre, haya progresos con Islandia y que incluso se le conceda a Serbia el estatuto oficial de candidato.
Pero las cosas van a ser mucho más difíciles en lo relativo a Turquía. A pesar de que los polacos se han comprometido a apoyar en todas las circunstancias la adhesión de ese país, el nuevo Trío de Presidencias que se inaugura incluye también a Dinamarca y a Chipre, el Estado miembro que más activamente se opone a la entrada de Turquía en la Unión. Si no hay cambios en las relaciones turcochipriotas, tampoco los habrá respecto a la adhesión, ha pronosticado Kaczynski.
Muchos ojos estarán puestos también en el más díscolo de los vecinos de Polonia, Bielorrusia, cuyo régimen autoritario es objeto de sanciones por parte de la UE. Pero Varsovia no tiene previsto protagonizar grandes acercamientos, sino que su enfoque se encuadra plenamente en la línea europea de intensificar las relaciones con Minsk sólo en el caso de que mejore su pobre currículum en materia de democracia y derechos humanos. En ese sentido, Polonia respalda el nuevo enfoque de la Política Europea de Vecindad, que condiciona el aumento de las ayudas a las reformas democráticas.
Y además, elecciones
El país celebrará elecciones legislativas en octubre, en plena Presidencia. Las encuestas sitúan en primer lugar a la Plataforma Cívica del primer ministro, Donald Tusk, y en segundo al Partido Ley y Justicia.
Piotr Kaczynski, de CEPS, cree que las elecciones sí que van a tener un impacto en la Presidencia y ha señalado que, al contrario que en otros países, donde Gobierno y oposición están de acuerdo en los objetivos de la Presidencia rotatoria, la situación es diferente en Polonia. La oposición cree que es la oportunidad perfecta para defender los intereses nacionales, ha criticado.
Si no surgen imprevistos -lo que, a la vista de lo que ha ocurrido durante la Presidencia polaca, siempre es una posibilidad- el semestre polaco tendrá estos ingredientes principales sobre la mesa y servirá, según su portavoz, para afianzar la influencia cada vez mayor del centro y del Este de Europa en la UE y crear un sentimiento más proeuropeo en toda la región.
Ésos son los deseos, por lo que ahora sólo queda ver qué depara la realidad. Por el momento, la Presidencia ha organizado ya una amplia y ambiciosa agenda cultural que incluye música clásica, artes visuales, teatro, cine y literatura del país. Una buena forma de afrontar los sustos que presumiblemente aguardan a los europeos durante los próximos seis meses.
EurActiv.com
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