R. T. Erdogan, Primer ministro de Turquía, entrevista en EL PAÍS
El jefe de Gobierno turco, que inicia hoy una visita de dos días a España, insiste en que su país puede actuar de puente entre el mundo islámico y Occidente, y pide claridad tanto a la Unión Europea como a Israel.
No resulta fácil para un ciudadano europeo medio comprender con exactitud lo que quiere decir Erdogan cuando afirma que es un líder musulmán, laico y democrático, por ese orden, sin haber entendido antes que Turquía es un Estado laico de la misma manera que México fue revolucionario e institucional bajo el PRI.
Musulmán, laico, democrático: ciertamente la retahíla puede sonar incongruente a muchos oídos occidentales si no se entiende primero que Erdogan, islamista moderado, se considera laico porque es primer ministro de un Estado formalmente laico, cuyas universidades no dejan que las mujeres con velo pisen sus aulas (razón por la cual las dos hijas del mandatario estudian en Estados Unidos, donde acuden a clase con la cabeza cubierta); pero donde, también, las casi 80.000 mezquitas del país dependen del Gobierno, que nombra a sus imanes, los educa, supervisa sus sermones o directamente se los escribe las más de las veces.
Es sábado por la noche en Estambul en el palacio imperial otomano de Dolmabahce en el que murió en 1938 Atatürk, el fundador de la actual república secular turca. A lo largo de la conversación, Erdogan no muestra ninguno de los reflejos que los críticos achacan a su autoritarismo y que el cargado clima de Davos, política y emocionalmente, hizo aflorar: el gesto seco, la insistencia verbal y física rozando la descortesía (al menos según los baremos suizos); la expresión dura. Al contrario, la entrevista, una de las pocas que ha concedido a un periodista occidental en los últimos tiempos, fluye con naturalidad y Erdogan se expresa con lentitud, casi parsimonia. Ni siquiera cuando referirá su decepción con Sarkozy y Merkel perderá la calma, pese a acusarles poco menos que de prevaricación.
En cualquier caso, resulta evidente que lo que está perdiendo es la paciencia con la Unión Europea. Y de nuevo resulta difícil entender lo que está sucediendo en las cancillerías europeas sin incluir en la ecuación un elemento: el islam, acentuado por la peligrosa fractura entre un Occidente traumatizado por los atentados de Nueva York, Madrid o Londres y que muchas veces equipara de forma automática y equivocada islam conyihadismo, y un Oriente en el que los ayatolás iraníes y el radicalismo musulmán parecen ganar más peso cada día.
Turquía es islam, sostiene Erdogan; pero también es democracia; y también es laicismo (estas últimas dos cosas sólo de momento, según temen los demócratas europeístas cuya cabeza más visible es el escritor Orhan Pamuk). Y los europeos deben decidir, con plazos que comienzan a ser perentorios, si les interesa o no sostener ese experimento único que es Turquía pese a los retos que supone tanto para las instituciones y los ciudadanos de los Veintisiete como para el Estado turco fundado por Atatürk y vigilado, unas veces de cerca, otras de lejos, siempre de forma traumática, por los militares. Erdogan no engaña a nadie en esto.
-La sociedad turca es mayormente musulmana. El 99% de los ciudadanos son musulmanes. Es imposible responder a esta pregunta de otra forma. Y recibirá la misma respuesta de los militares. Pero estamos haciendo política en un país laico y democrático.
Sobre esa base contundente, y que muchas veces Europa parece no querer o no saber escuchar, se desarrolla el resto de la entrevista, horas antes de que el primer ministro turco aterrice en España con diez ministros.
P. ¿Qué siente cuando escucha la negativa más o menos abierta de Sarkozy y Merkel a que Turquía forme parte de la UE?
R. Es una situación que convierte en negativa la positiva percepción que el pueblo de Turquía tenía de Alemania y Francia. Hay cinco millones de ciudadanos turcos en Europa. Ya estamos integrados en la UE de forma extraoficial. Lo que Francia y Alemania hacen con nosotros es incorrecto. Es cambiar las reglas del juego a mitad de partido. Están imponiendo condiciones que no se encuentran en la normativa europea para que no entremos en la UE.
P. Turquía siempre ha tenido una relación especial con Francia. ¿Ha hablado usted de todo esto cara a cara con Sarkozy?
R. Muchas veces. Ampliamente. También lo he discutido con Merkel. Coincidimos en muchas cosas cuando hablo con ellos. Pero cuando nos damos la espalda, las cosas cambian.
P. ¿Está diciendo que Sarkozy y Merkel le dicen una cosa y a la hora de la verdad hacen otra?
R. Sí.
P. ¿Personalmente, le resulta frustrante esta actitud?
R. Turquía se presentó ante Europa en 1959. Han pasado 51 años. Eso tiene un impacto muy negativo en la política interior. Nunca se impuso a ningún país lo que se nos está exigiendo a nosotros ahora. La sociedad turca y el mundo islámico opinan de la siguiente forma. Dicen: por favor, no os esforcéis, porque no aceptarán a Turquía en la UE. Europa, dicen, es un club cristiano. Eso mismo lo escucho en mi país.
P. ¿Por qué insistir cuando Europa ya ha mandado señales claras de que la adhesión será un proceso largo, frustrante y con un final tan poco claro?
R. No perdemos la esperanza. Podemos aportar mucho a la Unión Europea. Y la UE puede aportarnos mucho a nosotros. Turquía es el único país que puede actuar de puente entre el mundo islámico, que cuenta con 1.500 millones de ciudadanos, y el mundo europeo occidental.
P. ¿Es posible imaginar que sea Turquía la que, finalmente, dé un portazo a Europa si las cosas siguen como hasta ahora?
R. No vamos a tener ningún problema con negociar la integración. Pero tendremos problemas si de lo que hablamos es de asimilación. Si tratan de imponernos una asimilación, nuestro comportamiento será diferente.
P. ¿Asimilación?
R. Asimilación cultural..
P. ¿Qué espera de la presidencia española?
R. Tenemos muchas esperanzas. Porque hasta ahora, las relaciones han ido muy bien. Estamos juntos en la Alianza de Civilizaciones. España sabe lo que ahora están haciendo contra nosotros. Y tengo la total confianza en que España logre cambiar esta dinámica durante su presidencia.
Resumen de las respuestas sobre la Unión Europea de la entrevista realizada en el diario El País.