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Lunes 20-05-2013
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Carmelo Cedrone, sindicalista en el Comité Económico y Social de la UE
Carmelo Cedrone, sindicalista en el Comité Económico y Social de la UE ‘Estamos en una Europa de países egoístas’

 Fuente: Aquí Europa

Parte de los problemas económicos que diezman la UE tienen que ver con el “egoísmo” de los Gobiernos. Es la opinión de Carmelo Cedrone, miembro del grupo de los trabajadores del Comité Económico y Social Europeo (CESE). En esta entrevista, carga con fuerza contra la “falta de visión” alemana.

En su opinión, la canciller Angela Merkel no tiene una estrategia, ni para su país ni para Europa. “Solo piensa en resultar reelegida”, afirma Cedrone. Al mismo tiempo, denuncia que se aprovecha de la crisis de deuda, que para ella se está traduciendo en unos costes de financiación más baratos, ante la huida de los inversores de países como España e Italia.

Este sindicalista italiano, que también es profesor de Teoría Económica en la Universidad de La Sapienza (Roma), cree que la solución a las dificultades de la Eurozona pasa por crear una verdad unión política y fiscal.

¿Qué propone el CESE para dejar un poco de lado la austeridad y fomentar el crecimiento?

Estamos fuertemente en contra del programa de austeridad que está llevando a cabo la Unión Europea, sin acompañarlo de una acción que estimule la economía. Es una contradicción. Es una cuestión ideológica esta imposición que viene del Gobierno alemán, que piensa que el problema de Europa es contable, cuando en realidad es político.

Estamos de acuerdo con los ajustes, pero hace falta dar más tiempo a los países para hacerlos, y acompañarlos con un programa de crecimiento. Hace falta poner en marcha ese programa para el crecimiento, que debe financiarse con las obligaciones europeas, y con el Banco Europeo de Inversiones, aumentando sus recursos, sin que se incremente la deuda del Estado.

También se pueden usar otros fondos, como una parte de los que se destinan a la política de cohesión. Esto sería una inyección reconstituyente en la economía europea.

¿Y qué propone el CESE para hacer frente a los problemas de deuda?

Vivimos una situación muy extraña, porque tenemos una moneda única, una política monetaria común que se aplica a países con situaciones monetarias diferentes. Esto distorsiona las economías de los Estados miembros. Haría falta una política económica y fiscal común. Por el momento no existe, y la consecuencia es que se acaba aplicando la de los países más fuertes, como demuestra el pacto fiscal que han tenido que firmar los gobiernos europeos.

En la situación de tensión actual, necesitamos sacar de los mercados una parte de la deuda y dejarla en el Banco Central Europeo o en los fondos de rescate, con el fin de evitar la especulación en los mercados que chupan la sangre de los ciudadanos.

¿Haría falta una reforma del Tratado para poner en marcha sus propuestas?

No sería necesaria, no implica que parte de la deuda española, por ejemplo, pase a ser responsabilidad alemana. Los ciudadanos están mal informados, se les hace creer que los habitantes del sur beben y comen a costa de los del norte. Es una falsedad. Algunos países han cometido errores en la gestión de sus balances, pero esta no es la clave.

Si no llevamos a cabo la integración política y económica del euro, podemos limitarnos a resolver el problema para los próximos cinco años, y correr el riesgo de sufrir más adelante unas turbulencias fortísimas. ¿Por qué Japón, que tiene el doble de deuda que Europa, no sufre el acoso de los mercados? Porque tiene un Gobierno y un Parlamento únicos que deciden sobre la política económica. Lo mismo ocurre con Estados Unidos. Hay que hacer lo mismo en Europa, una autoridad política que responda.

¿Hace falta un ministro de Economía europeo?

Podría ser un buen instrumento, pero lo que hace falta es un proceso de toma de decisiones rápido, que no haga falta volver a los países una vez se decida algo en Europa. Si no conseguimos resolver esto, podremos resistir unos cuantos años, pero al final este proyecto de construcción europea caerá.

Los especuladores están sobre nosotros porque saben que tenemos esta debilidad. Los ciudadanos tienen que saber que cuánto más aumentan las rentabilidades en países como España, menos paga Alemania. ¿Es Europa una comunidad solidaria? Estamos ante países egoístas. Hay que ayudar a los que padecen dificultades a resolver sus problemas, con acciones de corrección y ayuda, para que la situación económica mejore.

Los ciudadanos alemanes deben entender que Alemania necesita a los países de la zona euro, que compran sus productos. Italia, por ejemplo, es el primer importador de productos alemanes del mundo, por encima de China.

Si matamos la economía de otros países europeos, al final Alemania sentirá las consecuencias. Pero el Gobierno de Berlín solo piensa en ser elegido en las próximas elecciones, no tiene ninguna estrategia, ni para su propio país, trabaja al día a día, ha perdido la visión de Europa. ¿Si no tenemos una visión común, dónde acabaremos?

¿Cree que la UE tomará el toro por los cuernos para frenar la crisis?

Tenemos el problema inmediato del crecimiento y de la deuda, es una espiral infernal que está dañando la economía de muchos países y las personas. Está habiendo suicidios. Y Europa no hace nada. Europa debate sobre las cuentas. Es un problema ético.

Hace dos meses, hablar de crecimiento en Bruselas era imposible. La Comisión, que tiene el poder de iniciativa, es muy débil, incapaz, poco valiente. Sigue la tendencia, lo que dicen los directores financieros o Merkel, cuando debería hacer lo contrario: confrontar a los Estados miembros con sus propuestas. Solo cuando ha habido un cambio político en Francia y se ha empezado a hablar de crecimiento, la Comisión ha lanzado la idea de los bonos de proyectos.

Es necesario hacer frente a esto para evitar una guerra económica. Aún no somos muy conscientes. Espero que lo consigamos, Europa sabe en los momentos críticos hacer saltos cualitativos.

¿Cree que el BCE debería apoyar más a los países bajo presión, comprándoles deuda?

Además de construir una Europa política, una política eco común, una política social común, es necesario cambiar el papel del BCE, es fundamental.

El Banco Central tiene un mandato preciso, que bebe del modelo alemán: evitar la inflación. No se habla de crecimiento. El Banco no puede hacer una política monetaria para favorecer el crecimiento.

Por ello, es necesario cambiar el mandato. En lo que respecta a la deuda, tiene que poder comprar en caso de crisis grave. Así lo hace la Fed.

También hace falta cambiar las reglas financieras internacionales, no solo introduciendo una tasa a las transacciones, algo que la UE ya está intentado hacer, sino con normas para frenar la especulación, porque después las consecuencias las pagamos nosotros. Los bancos ahora tienen libertad absoluta de hacer lo que quieren, no hay ninguna regla a escala internacional, solo las hay nivel nacional. Pero las finanzas ya no son nacionales.

En la época de la explosión financiera parecía facilísimo ganar dinero sin trabajar. Se han alcanzado cifras enormes, inconmensurables. Parte del problema ha estado en el sector inmobiliario, por ejemplo, en España. Su explosión económica me parecía imposible, tanto crecimiento en tan poco tiempo. Era incomprensible la revalorización de las casas.

Cuando Zapatero decía que la economía era sólida, yo estaba muy preocupado. Como especialista, me daba cuenta de que no podía ser verdad, ya que estaba basada en la especulación inmobiliaria. Italia, en cambio, tiene una base industrial verdadera muy fuerte, como Alemania.

Usted afirma que hay que defender el modelo social europeo, el Estado del bienestar. ¿Es posible mantenerlo tal y como lo conocemos, o resulta demasiado caro? ¿Qué cambios hay que hacer?

De acuerdo con el paradigma económico liberal imperante en la actualidad, parece que la culpa de la crisis es el modelo social de los países. Y eso es un error.

Es cierto que una evolución es necesaria, hay que remodelar las propuestas para hacer frente a situaciones cambiantes. Pero tenemos que hacerlo todos juntos.

Los Diecisiete necesitamos construir un modelo social común, que haya una solidaridad común, como ocurre en Italia, donde una parte de la riqueza del norte financia las pensiones del sur. Esto debe hacerse a escala europea.

Hay quien critica que se estén haciendo múltiples recortes en el Estado del bienestar al tiempo que se dedican ingentes sumas de dinero público para ayudar a las entidades financieras. ¿Cree usted que hay que rescatar bancos, que atesoran los ahorros de millones de personas?

Hemos hecho recortes que afectan al estado social y a las personas de salario medio-bajo, pero no a los demás. Cuando dijimos a Europa que hay que evitar esto e invertir dinero en la promoción del crecimiento y el empleo, nos dijeron que no había dinero. Pero los fondos para evitar que los bancos vayan a la bancarrota siempre están ahí.

La idea de que si se deja caer un banco se puede crear una cadena de otros problemas económicos es una bonita excusa. Lo que hay que hacer es tutelar el proceso para proteger a los ahorradores. Para lograrlo, hay que crear un fondo de garantía de los depósitos a escala europea, con el fin de defender a los ciudadanos, a las pequeñas empresas. Pero hay que dejar claro a los bancos que no pueden seguir igual.

El paro en España es muy alto, entre los jóvenes supera el 50%. ¿Tiene algún consejo que darles? ¿Se tendría que ir fuera? ¿Estudiar más?

La cuestión de los jóvenes es para mí un peso personal, lo siento como un problema mío. Si no estamos en condiciones de ayudarles, quiere decir que estamos en una sociedad fallida.

Pero se pueden hacer cosas. Lo primero es mejorar el sistema de formación europeo, crear polos de excelencia para valorar los cerebros, como ocurre en Estados Unidos.

Hace falta una formación de calidad y mejorar la investigación. Tenemos 27 mercados de la investigación, es otro error.

También hay que hacer operaciones a favor del crecimiento, así como iniciativas específicas para los jóvenes. Por ejemplo, decir a las empresas que si cogen a un joven, no pagan todas las contribuciones sociales.

Europa tiene dinero para hacerlo, hace falta un programa europeo. Hacen falta propuestas fuertes, no palabras. Hay que dar a los jóvenes una señal de que la UE no está aquí solo para crear austeridad.

 Esta situación está creando otra situación muy grave, peligrosa. En todos los ciudadanos europeos, pero especialmente en los jóvenes, están volviendo los odios, los egoísmos. Hay un populismo fácil, que está siendo aprovechado por los políticos. Va contra los inmigrantes, contra el Islam, pero también contra Europa, la gente la ve como un enemigo, no como algo que está aquí para ayudar.




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