El mundo árabe vive la mayor convulsión de su historia, lo que genera tantas ilusiones como incertidumbre. Tomás Duplá del Moral, director en funciones del Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) para el norte de África y Oriente Medio, trata de vislumbrar el resultado de este fenómeno a largo plazo: "Si se consolida la democracia, tendremos países mucho más estables en el sur del Mediterráneo", ha afirmado en esta entrevista con Aquí Europa realizada dos días antes de que la ONU diera luz verde a una intervención militar en Libia.
Este español, recientemente designado como director del SEAE para América del Norte y el Caribe, comenzó a trabajar para la Comisión Europea en 1989 y su experiencia se reparte por lugares tan complejos y conflictivos como Palestina, Líbano e Israel. Ha sido director general adjunto del Ejecutivo comunitario para Asia y América Latina y director para la cuenca sur del Mediterráneo y Oriente Medio.
Con esa amplísima trayectoria a sus espaldas, tiene un gran abanico de historias, comparaciones y referencias de las que echar mano, pero el movimiento que sacude actualmente los países árabes supera todas sus previsiones.
¿Alguna vez había vivido un momento comparable a éste?
No, ni de lejos. El único movimiento con aspiraciones verdaderamente democráticas que he visto en el mundo árabe fue el de los palestinos, que [en 2006] celebraron unas elecciones como ellos quisieron. Pero tuvieron lugar dentro del ámbito anómalo del problema palestino y en una situación en la que no había un Estado soberano. Lo que ha pasado esta vez no creo que tenga ningún tipo de antecedente en el mundo árabe.
Si Gadafi se afianzara de nuevo en el poder. ¿Cómo serían las relaciones con el régimen libio si eso ocurriera? ¿Se
Hay otras hipótesis igualmente válidas. El problema es que la información que nos llega del interior de Libia es confusa y poco fiable. Sería preferible no sacar conclusiones precipitadas porque las fuentes de información son muy parciales y no tienen ninguna visión de conjunto. La UE ha estado presente con visitas a Trípoli y a Bengasi para saber lo que sucede y hacer su propia evaluación.
El Consejo reconoció la semana pasada a las fuerzas opositoras a Gadafi como un interlocutor válido. ¿Qué ha cambiado para que se diera ese paso, teniendo en cuenta la confusión que existe acerca de quiénes las integran?
Para empezar, el lenguaje es muy preciso: interlocutores válidos. Podrían haberse utilizado muchas otras expresiones, pero se ha decidido ésta. La falta de información nos afecta a todos y por eso el SEAE está intentando recabarla directamente. Esto implica hablar con quienes nos han señalado como interlocutores los habitantes de las regiones que en este momento no están bajo control de Gadafi.
Duro examen para el SEAE
Este proceso de revoluciones en toda la región está siendo un serio test inicial para el SEAE. ¿Cómo calificaría su reacción ante todos estos acontecimientos?
Soy muy consciente de las críticas que se han dirigido a la UE y al SEAE. Sin embargo, la reacción ha sido muy rápida y se ha producido tan pronto como las circunstancias han ido aclarándose. Una cosa es que nos pongamos del lado de la democracia en Túnez y en Egipto y otra cosa es que eso nos permita actuar velozmente; lo hacemos tan rápido como nos lo permiten las autoridades en funciones. Hay que tener en cuenta esa limitación. Además, dentro de la UE hay sensibilidades muy distintas y la acción que tomamos tiene en cuenta todas ellas. Pero la resultante está decididamente a favor de democracia y de los derechos humanos y, al contrario de lo que mucha gente piensa, son cuestiones con las que ya habíamos presionado a las anteriores autoridades tunecinas y egipcias antes de que fueran derrocadas.
También se ha puesto en duda la capacidad del SEAE para armonizar la voz europea en el exterior y hacerse oír por encima de la de los Estados miembros. En el caso de Libia, parece que son Francia y el Reino Unido los que han tenido más empuje.
Hay países que presionan más que otros. Según el Tratado de Lisboa, al igual que sucede con los anteriores, la política exterior es algo que corresponde decidir a cada Estado miembro. Esto no quiere decir que no se haya intentado buscar activamente una fórmula común para intentar responder a la situación, pero el caso de Libia es muy difícil: los actores son muchos y las incitaciones a la acción también, y de muy distinto carácter. Conciliar eso no es fácil. Lo que se ha visto en el Consejo Europeo y las acciones llevadas a cabo por el SEAE para recabar su propia información muestran la voluntad de tener una acción común. En el caso de Túnez y Egipto, creo que la actuación del servicio exterior ha sido inequívoca ya que, junto a la Comisión, ha ofrecido ayuda a la democracia. Ambos países han pasado por revueltas que han culminado en una transición clara, por lo que la oferta también es aplicable a otros que han emprendido ese camino.
Protagonistas de su proceso
La UE quiere dejar el proceso democrático en las manos de quienes lo han comenzado. ¿Cree que pueden conseguirlo por sí solos?
Han sido capaces de llevar adelante un proceso mucho más difícil: salir a la calle en su propio nombre pidiendo democracia, derechos humanos, transparencia en la gestión económica y solidaridad con los más desfavorecidos, y todo ello sin necesidad de ningún apoyo exterior. Creo que es muy arrogante pensar que no van a poder llevar por sí mismos la etapa ulterior. En este momento los grandes debates en Túnez y en Egipto los centra la secuencia electoral, y son ellos quienes lo están haciendo. Los tunecinos han derribado ya dos Gobiernos... creo que podemos decir que se están ocupando de sí mismos. Eso no significa que no puedan utilizar ayuda exterior, pero esa asistencia debe destinarse a los objetivos que se marquen ellos mismos. Pretender otra cosa sería negar nuestra propia creencia en el inicio de un proceso democrático generado por fuerzas interiores.
¿No cree entonces que están sobrevalorando su capacidad para llevar este proyecto a buen puerto?
Recuerdo que en la transición española también se decía eso, que los españoles no íbamos a tener capacidad por nosotros mismos de llevarla a buen puerto debido a nuestra falta de costumbres democráticas y la larga época de autoritarismo que habíamos vivido. Hoy sucede lo mismo en Egipto y Túnez. Hay que darles un voto de confianza y trabajar con ellos.
Efecto dominó
Dada la enorme expansión del movimiento, ¿tiene la UE capacidad para absorber tantos procesos al mismo tiempo y ofrecer asistencia en cada uno de ellos?
La UE puede brindar ayuda basándose en su gran experiencia en procesos de transición democrática y en la celebración de elecciones. Eso está en curso y podríamos hacerlo con cada uno de los países en los que surge este tipo de movimiento. En segundo lugar, los europeos podemos brindar apoyo a la consolidación de la sociedad civil y también tenemos recursos para poder hacerlo; no creo que vaya a haber una posición muy restrictiva para liberarlos. A su vez, la UE puede dar respaldo a la transición económica; ya tenemos la experiencia de trabajar con los Gobiernos en ese sentido, un conocimiento bastante considerable de lo que está pasando en esas sociedades y además hemos ofrecido más recursos, más acceso a los mercados y más contactos entre pueblos a través de la movilidad.
¿Y realmente van a ser suficientes esos recursos ante la magnitud del fenómeno?
Estoy seguro de que se va a considerar que no. Tenemos que recordar que estamos en una situación financiera que no da lugar a grandes alegrías, pero a pesar de eso la UE está dispuesta a hacer un esfuerzo.
¿Hasta dónde cree que puede llegar este movimiento que se extiende de un país a otro?
El ejemplo de la libertad y la democracia, cuando prende en las mentes y en los corazones de la gente, no tiene límites. Y lo digo por experiencia propia. Son bienes a los que aspira todo ser humano, y eso determina la extensión del fenómeno. En la medida en que los ciudadanos consideren que su sistema político no les permite llegar a lo que los tunecinos y los egipcios han sido capaces de lograr, va a haber presión. Las cosas varían mucho de un país a otro, pero el ejemplo es el mismo. La rapidez de respuesta es precisamente lo que puede evitar que estos movimientos se vayan por caminos que no son los más productivos, como los conflictos entre mayorías y minorías o las ideas religiosas radicales. Es algo que no ha asomado mucho hasta ahora, pero sigue siendo un ingrediente que está ahí.
¿Se está infravalorando la importancia de ese ingrediente religioso?
Se le está prestando la suficiente atención, algunos dirían que incluso demasiada. Los grupos políticos con ideas religiosas, como al-Nadja en Túnez o los Hermanos Musulmanes en Egipto, se han retirado a un discreto segundo plano durante las revueltas. Eso no quiere decir que renuncien a tener una influencia grande en el proceso político, pero por el momento lo están haciendo de una manera prudente.
Todos estos movimientos son objeto de un amplio e intermitente seguimiento por parte de la prensa. ¿Dificulta esa presión constante la toma de decisiones?
No podemos crear un muro que nos separe de la opinión pública. Hay que estar atento a los formadores de opinión y, desde luego, no podemos tener la arrogancia de trabajar de una manera aislada respecto a las percepciones que existen sobre el proceso. Pero esto no nos impide plantearnos los desafíos tal y como vienen ni utilizar los instrumentos que tenemos de una manera planificada y racional. Eso es lo que estamos intentando hacer.
Hemos oído por parte de las autoridades que no hay que temer estos procesos. Sin embargo, por el momento están dejando detrás de sí muchos muertos y un horizonte de incertidumbre. ¿No tiene miedo de lo que pueda pasar al final de este camino revolucionario?
La democracia a largo plazo es un sistema estable, pero pasa por muchas inestabilidades que no siempre son del gusto de todos. Si se consolida la democracia, tendremos países muchos más estables en el sur del Mediterráneo, pero el proceso de consolidación lleva tiempo. El sentimiento que debe predominar es el del compromiso y la ilusión, no el del miedo.
EurActiv.com
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