Euractiv.es - El Tratado de Lisboa instauró las figuras de Alto Representante de Exteriores de la UE y de presidente permanente del Consejo Europeo, hoy ostentadas por Catherine Ashton y Herman van Rompuy, para dar una voz única a los 27 Estados miembros. Sin embargo, en casos como el de Egipto, sigue sin haber una voz única en el seno de la UE. Ashton pidió a Mubarak "una transición lo antes posible", mientras que Sarkozy, Merkel, Zapatero, Berlusconi y Cameron emitieron una declaración conjunta pidiendo un "cambio de rumbo". Todavía hay pluralidad de voces entre los Veintisiete... ¿Qué se puede hacer?
Francisco Fonseca - Con respecto a la cuestión general, lo importante no es una voz única sino una coral armónica. Los presidentes Van Rompuy y Barroso, junto con la Alta Representante Ashton, son el triangulo visible aportado por el Tratado de Lisboa para desarrollar una voz común y coherente de Europa en las relaciones internacionales. Y en el año y tres meses que llevamos desde la entrada en vigor del Tratado de Lisboa esto ha sido así. Los mecanismo de cooperación leal funcionan de manera cotidiana, siendo de ello la mejor prueba que no ha habido, a nivel mediático, ninguna advertencia o información en sentido contrario.
Con respecto a la cuestión de Egipto, no percibo que haya habido una, por continuar utilizando el término musical, desarmonía entre la postura pública de la UE, expresada por Catherine Ashton y respaldada por los presidentes Van Rompuy y Barroso, y la de los Primeros Ministros mencionados. Todos hemos mantenido dos principios: la necesidad de que las aspiraciones democráticas de los pueblos tunecino y egipcio se puedan expresar libremente y la necesidad que ello se haga en un marco no de anarquía sino de consenso entre todas las fuerzas políticas. Esta es la postura realista y responsable y es lo que la Alta representante ha manifestado claro y alto.
EA. En el último Consejo Europeo, del 4 de febrero, Alemania y Francia hicieron de nuevo una propuesta conjunta dejando claro de nuevo que llevan la batuta de los Veintisiete. ¿No es una forma de ignorar a los demás Estados miembros y de no dar el protagonismo a Herman van Rompuy? ¿Qué deben hacer las instituciones europeas para que se dejen los intereses nacionales de lado?
FF. - El 4 de febrero el Consejo Europeo se reunió para demostrar que la gobernanza económica europea no es pura retórica y por eso su orden del día se centró en la discusión sobre las políticas de innovación y de energía como elementos claves para el relanzamiento económico de la UE y de la zona euro.
Es cierto que la Canciller Merkel apoyada por el presidente Sarkozy introdujo en la discusión la necesidad de incluir de manera explícita un pacto de competitividad, como garantía de confianza para los ciudadanos europeos de la existencia de una gobernanza económica.
Más que hablar de batuta o de directorio franco-alemán, lo importante es la asunción de responsabilidad para dar un contenido a la noción de gobernanza económica hecha por los dos países centrales de la zona euro. Por eso lo importante ahora es cómo estas ideas van a aparecer reflejadas en los papeles de preparación del Consejo Europeo de primavera, en marzo, preparación que está siendo llevada a cabo por los presidentes Van Rompuy y Barroso.
EA. ¿Cree que después de la visita de Merkel a España y con el apoyo de Zapatero al pacto de competitividad presentado entre germanos y franceses, Zapatero podrá recibir apoyo para cuestiones como por ejemplo incluir el español como idioma en la futura patente europea?
FF. - No creo que las dos cuestiones tengan mucha relación. El pacto de competitividad consiste, insisto, en dotar a la economía europea de los mecanismos conjuntos necesarios para asegurar un modelo de desarrollo económico competitivo y sostenible.
La cuestión sobre la patente refleja una divergencia política y de comprensión de las reglas de los Tratados entre la Comisión Europea y una gran mayoría de Estados, por un lado, y España e Italia, principalmente, por otro lado. A lo que tenemos que aspirar es a conseguir una aproximación entre ambas posturas y tengo plena confianza en el éxito de esta aproximación.
EA.- ¿Es una solución real y factible o sólo una medida para publicitar la buena relación entre España y Alemania las ofertas de trabajo que desde allí llegan para los jóvenes españoles?
FF. - La posibilidad de ejercer el derecho de establecimiento o de libre prestación de servicios por parte de españoles en Alemania, o de cualquier ciudadano europeo en cualquiera de los 27 Estados Miembros, es una consecuencia directa del espacio europeo sin fronteras y de la emergencia de una noción de ciudadanía europea con derechos concedidos por los Tratados. El centro de gravedad es éste y las negociaciones bilaterales y sus concreciones prácticas parten de este gran principio común.
EA. La Unión Europea invierte menos en investigación e innovación que EEUU y Japón. Además, otras potencias que iban por detrás de la UE, como China y Brasil, están pisando el acelerador con fuerza y pronto podrían llevarle también la delantera. Parece que el VII Programa Marco no basta. ¿Cómo puede la Comisión Europea incentivar a los Estados miembros para que inviertan en innovación e investigación? Estar por detrás de la lista en este sector, ¿no es peligroso para la economía europea a medio y largo plazo?
FF. - El VII Programa Marco representa el 5% de los fondos públicos de la UE para investigación, por lo que nunca se planteó el VII Programa Marco como para ser suficiente en sí mismo, sino como un complemento al resto de las propuestas comunitarias de apoyo al I+D. Lo que es claro es que, a pesar de la crisis económica en muchos Estados Miembros, varios países, especialmente Francia y Alemania, han incrementado sus fondos para I+D, como resultado, en parte, del apoyo comunitario.
El pasado 6 de octubre, Máire Geoghegan-Quinn, Comisaria de Investigación, Innovación y Ciencia, y el Vicepresidente Antonio Tajani, responsable de Industria y Emprendimiento, presentaron la “Unión por la Innovación”, un planteamiento estratégico en materia de innovación impulsado al más alto nivel político. La Unión por la innovación concentrará los esfuerzos de Europa, así como la cooperación con terceros países, en temas como el cambio climático, la energía y la seguridad alimentaria, la salud y el envejecimiento de la población. Recurrirá a la intervención del sector público para estimular al sector privado y eliminar los obstáculos que impiden a las buenas ideas materializarse en el mercado. Entre ellos se encuentra la falta de financiación, la fragmentación de los mercados y los sistemas de investigación, la infrautilización de la contratación pública para la innovación y la lentitud en el establecimiento de normas. La Unión por la innovación es una iniciativa insignia de la estrategia Europa 2020
AE. - La crisis económica es uno de los mayores retos que tienen los Veintisiete delante. ¿Están actuando de forma adecuada las instituciones europeas ante esta difícil tarea?
FF. - Sí. Los Jefes de Estado y de Gobierno junto con las Instituciones Europeas han dado en el último año y medio cumplida muestra de saber ejercer sus responsabilidades manteniendo una linea común más allá de la diferencias legitimas nacionales.
El euro ha resistido bien la tormenta perfecta financiera y monetaria. La solidaridad necesaria entre socios ante la crisis de deuda soberana la hemos podido solventar y, con las propuestas a desarrollar a través de la agenda 2020, hemos lanzado el mensaje claro de la necesidad de preparar mejor el modelo de crecimiento europeo insistiendo en sus dimensiones de competitividad y sostenibilidad.
AE. - La Cumbre Europea del 4 de febrero subrayó la necesidad de disminuir la dependencia energética y de utilizar más las renovables. Sin embargo, los líderes europeos no se marcaron objetivos vinculantes. ¿Cree que los Estados miembros cumplirán el 20-20-20 para 2020? ¿Cree que la medida es suficiente? ¿Puede España hacer más?
FF. - La legislación Europea ya ha establecido objetivos obligatorios para el uso de energías renovables (20% del consumo final para el 2020) y de reducción de las emisiones de CO2 (20% de reducción para el 2020 o 30% si se llega a un acuerdo internacional). Estos objetivos figuran en la legislación europea y son de obligado cumplimiento. El único objetivo que no es obligatorio en este punto es el de eficiencia energética (un incremento del 20% para el 2020), pero sin embargo, sí son obligatorios los planes nacionales de eficiencia energética. La Comisión considera que vale la pena realizar un esfuerzo en conseguir estos objetivos también en tiempos de crisis económica, porque a diferencia de las energías fósiles, que tenemos que importar en su mayoría, las fuentes de energía limpias y la eficiencia energética crea inversiones y puestos de trabajo en el lugar donde se consumen.