La donostiarra Miren Gutiérrez ha decidido dejar su trabajo como periodista para pasar a ser la voz de Greenpeace España. Continuará utilizando las palabras, pero no para denunciar las catástrofes medioambientales desde los medios de comunicación sino para lanzarlas desde primera línea de acción. Gutiérrez ha asumido su puesto de directora de Greenpeace España con las ideas claras sobre qué debe hacer la organización ecologista para mejorar la gestión de residuos, no sólo a nivel español sino también europeo.
EurActiv.es - Teniendo en cuenta que ha desarrollado su actividad en medios como El País o The Wall Street Journal ¿qué le ha llevado a pasar al otro lado de la barrera como directora de Greenpeace?
Miren Gutiérrez - Que el periodismo se me quedaba corto. Sentí que quería pasar de la observación y de la denuncia a través de los medios a la acción.
EA - Una vez que ha llegado al cargo ¿cuáles cree que son los puntos esenciales para mantener en el modo de trabajo de Greenpeace y cuáles son aquellos que cree que habría que modificar?
M.G. - Creo que no se tiene que modificar nada de forma sustancial. Greenpeace es un barco que tiene una ruta muy clara y una tripulación de primer nivel. Se trata de reforzar los valores de Greenpeace de compromiso, trabajo duro, rigor y audacia, y sobre la base de lo mucho logrado, llegar a más personas con nuestros mensajes para poder sensibilizar y cambiar las cosas.
EA - Hay muchas normas medioambientales comunitarias que vienen impuestas a los Estados miembros desde Bruselas, pero ¿quedan áreas donde todavía es necesario introducir legislación comunitaria?
M.G. - Es imprescindible mejorar las normas medioambientales europeas ya existentes y se tiene que mejorar también su grado de aplicación en los diferentes países. No siempre es importante de dónde provenga la norma, sino si ésta es buena y si se cumple o no, es ahí donde aún queda mucho trabajo por hacer. Por ejemplo, es necesario mejorar la política pesquera comunitaria para que nuestra capacidad pesquera de adecue a la del mar; establecer limitaciones de emisiones para los vehículos más ambiciosas; reducir la presencia de contaminantes químicos en nuestras vidas o mejorar las políticas de gestión de residuos. Y esto se puede y debe decidir a nivel europeo e implementar en los países.
EA - Hay ya varios casos en los que España ha sido investigada por la UE en materia medio ambiental, la contaminación de Madrid, la situación de Doñana… ¿es más efectivo denunciar en Europa que pedir la ayuda de las instituciones locales?
M.G. - A veces se necesita la perspectiva europea, porque se ha sufrido durante décadas el abuso del medio ambiente y de las personas. Un ejemplo son los vertidos de fosfoyesos de Fertiberia en Huelva. Hubo que recurrir al Parlamento Europeo y la Comisión para que presionara a España. Desgraciadamente, muchas veces es necesaria esa presión exterior. Incluso a veces no basta con ésta, porque los mecanismos de sanciones no siempre son los más justos o los más adecuados. No obstante, Greenpeace, en su labor de defensa del medio ambiente, recurre a todos los sistemas e instancias a su alcance, y las instituciones europeas son uno de ellos.
EA - El sistema europeo de comercio de derechos de emisión ha sufrido los últimos días una oleada de robos perpetrados por hackers. ¿Cree que estos incidentes ponen en duda la credibilidad del sistema?
M.G. - No, en la actualidad cualquier sistema que se gestione de forma virtual está expuesto a este tipo de riesgos. Es cierto que esto genera cierta inseguridad pero en ningún caso significa que el sistema sea menos válido para cumplir el cometido que tiene asignado. El sistema europeo de derechos de emisión constituye una aplicación experimental del mercado de carbono previsto en el Protocolo de Kioto para “premiar” de algún modo a los países que reduzcan sus emisiones en mayor medida de lo que tenían comprometido y “hacer pagar” a los que no lo hagan. Es cierto que este mecanismo no es perfecto y que requiere mejoras, pero es necesario disponer de un sistema robusto de gestión de los derechos de emisión que se apoye en el mercado y disponga de reglas internacionales y criterios comunes que lo regulen. Este sistema, como todos, tiene debilidades, pero no se trata de hacer bandera de las mismas sino de identificarlas y ponerles remedio.
EA - La Comisión Europea ha accedido a retrasar hasta 2018, en vez de hasta 2014 como defendió en un principio, las ayudas públicas a las minas de carbón deficitarias. ¿Piensa que Bruselas ha sido débil ante las presiones de los Estados miembros? ¿Qué daños provocará este retraso?
M.G. - Es curioso ver cómo un pequeño número de estados, que en este caso se cuentan con los dedos de una mano, pueden dar la vuelta a una propuesta de la Comisión Europea que habríamos considerado bastante aceptable. Y es una pena tener que decir que España ha sido uno de los estados más activos para que esto sucediera. Y no se quedó ahí sólo. A finales del año pasado, se aprobó en nuestro país un Real Decreto que prioriza la quema de carbón en las centrales térmicas españolas, desplazando a las otras fuentes energéticas en favor del mayor generador de cambio climático y oponiéndose frontalmente al régimen establecido por la UE en cuanto a ayudas estatales a la minería.
Así que, pese a que es triste que la UE haya extendido el régimen de ayudas al carbón hasta 2018, lo es todavía mucho más que estados miembros como España no cumplan, en sus normativas internas, con los requisitos que marca este régimen que, entre otros, dispone que las ayudas deben destinarse exclusivamente a actividades de reconversión del sector minero y ser decrecientes en el tiempo. Ninguno de estos dos requisitos se respeta en el Real Decreto 134/2010.
EA - El concepto de sostenibilidad está hoy en día en boca de todos y usted ha señalado que la defensa del medio ambiente puede ser una respuesta a la crisis ¿en qué medida es eso posible? ¿La sostenibilidad es una moda pasajera?
M.G - Se puede progresar de numerosas formas de forma más social, justa y respetuosa para el medio ambiente. No es necesario contaminar para producir o crear empleo. La crisis económica está sirviendo de excusa para justificar atropellos contra el medio ambiente la experiencia nos demuestra que en realidad es al contrario. Por ejemplo, tenemos el problema de qué hacer con nuestras basuras, muchos políticos piensan que lo mejor es quemarlas, cuando si apostamos por sistemas más sostenibles, generamos mucho más empleo, contaminamos menos y no nos endeudamos. Otro ejemplo similar es con las energías sucias, como la nuclear; las renovables generan más empleo, cuestan menos y no contaminan.
Lo que es obvio es que el concepto sostenibilidad no es una moda pasajera, aunque haya gente que lo utilice de forma frívola. La sostenibilidad es algo más amplio y complejo que pasa por el respeto al medio ambiente y al ser humano, mucho más profundo que las modas.
EA - ¿Cómo ha repercutido la crisis en la conciencia medioambiental española? ¿Somos más cuidadosos con el medio ambiente o preferimos soluciones más baratas y menos ecológicas?
M.G. - Somos más cuidadosos, pero queda mucho por hacer. Creo que, cuando los ciudadanos comprenden que esto de cuidar el medio ambiente es más barato y más conveniente a la larga, entonces actúan.
EA - ¿Sabemos reciclar los españoles?
M.G. - El problema no es sólo de los ciudadanos. Existe un factor previo a la labor de separación de los residuos por parte de los ciudadanos. No es normal el exceso de embalajes de los productos, ni que para una caja de aspirinas se nos dé una bolsa que tiraremos en minutos. Hay que prevenir la generación de residuos innecesarios, eso ya reduciría el gran volumen de basura que generamos. Además habría que disminuir el número de productos en el mercado que no se pueden reciclar y fomentar sistemas de reutilización. La recogida también debería ser más selectiva y la gestión que se hace con los residuos debería ser más coherente con el medio ambiente, por lo que no hay lugar para la incineración de residuos.
EA - ¿Qué medidas clave debería incluir en su programa un partido político para recibir su voto en las próximas elecciones?
M.G. - Tengo una lista muy larga, pero que no incluye nada fuera de nuestro alcance. Que apueste por las energías renovables y por una transición que deje atrás las tecnologías dependientes del petróleo, de material radioactivo o del carbón. Que haga que los que contaminan paguen, como indica la ley; que promueva un sistema de movilidad sostenible; que abogue por la reducción, el reciclaje y la reutilización; que se oponga a los transgénicos; que promueva políticas de pesca sostenible, etc.
EA - ¿Estamos a tiempo o los daños al planeta ya no tienen vuelta atrás?
M.G. - Hay daños que ya no tienen vuelta atrás. Por eso se habla de adaptación al cambio climático, por ejemplo. Hay lagos que han desaparecido, glaciares que no existen, especies que se han perdido para siempre. Pero estamos a tiempo para parar los peores efectos del cambio climático. Para revertir la situación hay que ponerse manos a la obra ya, no se puede perder más tiempo, porque cada paso que damos sin hacer nada, lo haremos sobre un terreno que ya no podremos volver a pisar. La situación lejos de ser dramática debería ser un revulsivo para llamar a la acción y decirle a todo el mundo que aún estamos a tiempo, que tenemos mucho que salvar y que para ello no podemos perder más tiempo.
EA - Dígame una serie de pequeñas acciones que todos podemos hacer para ayudar al planeta.
M.G. - Reutilizar lo máximo los objetos de consumo, y luego reciclar. Ahorrar energía en casa. Ir al trabajo en bici o caminando, y si no, usando el transporte público. Utilizar el voto también para elegir mejor a los que nos gobiernan, desde el nivel municipal al europeo. Movilizarse para expresar apoyo a las iniciativas que promuevan el medio ambiente o rechazo a las que no lo hagan.
Fuente foto: Greenpeace
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