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Jueves 17-05-2012
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Antonio Vigilante, director de Naciones Unidas en Bruselas
Antonio Vigilante, director de Naciones Unidas en Bruselas La oficina de la ONU en Bruselas es el nexo entre dos mastodontes burocráticos: la UE y Naciones Unidas. Su director, Antonio Vigilante, ha conversado con este diario sobre sus relaciones y sobre la política exterior de los Veintisiete. Le preocupa que los Objetivos de Desarrollo del Milenio se vean como una mera "curiosidad estadística" y no como la diferencia entre la vida y la muerte.

Este italiano ejerció como coordinador de la ONU en Bulgaria y Egipto antes de llegar en 2006 a Bruselas, donde también dirige la oficina del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Su trabajo le ha llevado a lo largo de su carrera a otros países, como Bolivia, Barbados, Estados Unidos, Honduras y Etiopía.

Estudioso de la política de cooperación europea desde hace 35 años y autor de múltiples publicaciones, Vigilante es el responsable de cuidar las relaciones entre la UE y la ONU, dos instituciones que cooperan anualmente mediante proyectos comunes en más de 100 países.
 


 

Pregunta - ¿Cómo calificaría la relación entre la UE y Naciones Unidas? ¿Cree que va a cambiar sustancialmente tras la entrada en vigor del Tratado de Lisboa?

 

Antonio Vigilante - Es una relación compleja porque abarca muchos temas y se expande por muchos escenarios políticos, pero a la vez es excelente. La UE es una amiga, un gran respaldo para los principios de la ONU. Es muy fácil trabajar conjuntamente porque no hay diferencias de carácter ideológico o cultural, compartimos los mismos valores. Con el Tratado de Lisboa se abren oportunidades para una colaboración más profunda.
 


 

P - Una de las novedades del Tratado de Lisboa es el establecimiento del Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE). ¿Cree que va a ser capaz de aunar la acción diplomática europea y de hacerse oír por encima de la voz de los Estados miembros?

 

AV - Es una tarea dura porque no existe una competencia exclusiva de la UE en materia de política exterior. Creo que es más bien una aspiración. El SEAE va a intentar trabajar por una mayor coherencia, pero no va a ser un proceso fácil y además no va a estar exento de reveses y decepciones. En todo caso, deberíamos ver una mejoría paulatina en la coherencia de la política exterior de la UE. Es algo que apoyamos porque facilitaría el trabajo de todo el mundo. Se va a lograr poco a poco y no sé si se cumplirá al 100% alguna vez, pero al menos ésa va a ser la tendencia.
 


 

 

P - La UE ha planteado la posibilidad de tener un estatus de observador privilegiado en la Asamblea General de Naciones Unidas, pero los países miembros de la ONU decidieron posponer esa decisión en septiembre. ¿Qué es lo que más dificulta tomarla?

 

AV - La UE lo ha planteado en reconocimiento a su contribución política y financiera al sistema de la ONU, lo que es razonable. Por ello, ha pedido a la Asamblea General la posibilidad de disfrutar de algunas capacidades de las que normalmente carecen otros observadores, como por ejemplo no tener que esperar al final del debate para tomar la palabra o poder someter resoluciones a la Asamblea. Dicho de otra forma, solicitan 'todo menos el voto'. Es una petición que comprendemos, pero la decisión no está en manos del secretariado de la ONU, sino que es facultad de los países miembros de la ONU el aceptarla o no. La primera vez que la Unión lo solicitó, no tuvo la posibilidad de explicar bien qué es lo que quería y se topó con una reacción tibia.
 


 

P- ¿Cree que lo va a lograr?

 

AV - Espero que sí, pero, hasta que no se cambie ese estatus, la UE tiene que seguir las reglas de todos los observadores, entre los que figuran otras organizaciones regionales como Caricom, Mercosur, la Unión Africana, la Liga Árabe o ASEAN. Evidentemente, es necesario escuchar la opinión de estos últimos, ya que pueden ver la concesión de un estatuto especial a la UE como un trato preferente. En el futuro, también podría ser legítimo para estas otras organizaciones regionales acceder a un trato similar al que ahora solicitan los europeos.

Por el momento, la Unión Europea es el proceso de integración regional más avanzado y el único en el que existen cuotas de soberanía estatal que han sido transferidas a una Unión, y por ello me parece perfectamente lógico que aspire a ese estatus, pero insisto: es una decisión política, ya que la toman los países que conforman la Asamblea General.


 

Revisión de la política de desarrollo


 

P - La UE está revisando su política de desarrollo. ¿Cree que va en la dirección adecuada?

 

AV -El enfoque que ha habido hasta ahora me parece fenomenal, sin embargo, en la revisión que se plantea hay un cierto cambio de rumbo. Creo que se le está dando un énfasis exagerado al crecimiento económico como motor de desarrollo. En la ONU hacemos hincapié en el desarrollo humano, no en el del Producto Interior Bruto (PIB), ya que éste no revela la distribución la distribución de la riqueza, las oportunidades ni las capacidades de un país. En este planteamiento de la UE detecto una fe en el crecimiento económico como un mecanismo semiautomático a través del cual se logra el desarrollo y se reduce la pobreza. Es necesario sofisticar este análisis.

En el borrador de revisión no hay suficientes referencias a los otros actores en el ámbito de la cooperación, es decir, no se ve de qué manera la política europea puede ser complementaria a la de la ONU, el Banco Mundial o Estados Unidos, por ejemplo. Además, la revisión insiste poco en el papel de la gobernabilidad como factor necesario para el desarrollo humano, y ningún desarrollo es sostenible a largo plazo si no cuidamos la dimensión de la participación popular, la cultura democrática, la descentralización, el Estado de derecho y el fortalecimiento institucional. Lo que estamos viendo estos días en Egipto y otros países del norte de África ilustra esa necesidad.
 


 

P - ¿Qué aspectos positivos contiene este borrador de revisión?

 

AV - Uno de ellos es que aspira a que haya coherencia entre las diferentes políticas europeas con un impacto sobre el desarrollo, como por ejemplo el comercio, la investigación, el cambio climático o la Política Agrícola Común (PAC). Me parece muy positivo que la UE quiera asegurarse de que lo que se logra mediante la política de cooperación al desarrollo no se deshaga con otras medidas. También valoro que intente armonizar a los Veintisiete y a la Comisión Europea para llegar a un solo programa de cooperación por país, ya que eso facilitaría muchísimo la tarea del Estado al que se pretende ayudar. Igualmente, es positivo el fuerte acento que el borrador pone en la seguridad alimentaria.
 


 

P - ¿Cómo cree que va a afectar la crisis económica a este proceso de revisión?

 

AV - Sin duda es el peor momento para llevarla a cabo. Con la crisis y los recortes presupuestarios, la generosidad no está en su punto más alto en Europa.


 

Objetivos de Desarrollo del Milenio


 

P - ¿Qué obstáculo le preocupa más para avanzar hacia el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM)? ¿La crisis económica o la ausencia de voluntad política?

 

AV - Me preocupa que se los vea como una curiosidad estadística y no como la diferencia entre la vida y la muerte para millones de personas. El hecho de que no haya un compromiso para erradicar la pobreza de la faz de la tierra es un insulto para nuestra condición de seres humanos. Que la gente se muera de hambre en el siglo XXI es una vergüenza individual y colectiva y me preocupa que sea un asunto que se tenga que discutir. En cierta forma esto tiene que ver con la falta de voluntad política y, en efecto, me preocupa tener que estar rogando para que no se olviden los ODM.
 


 

P - ¿Por qué cree que no se les tiene suficientemente en cuenta?

 

AV - Hay diversos factores, y uno de ellos es la ceguera política. Dada la interdependencia en que vivimos, los problemas de desarrollo nos abocan a enfrentamientos que no van a ser bonitos. Así que, si no lo entendemos desde una perspectiva moral, entendámoslo al menos desde el punto de vista de la seguridad.
 


 

P - ¿Cree que las grandes potencias emergentes deberían encuadrar sus políticas de desarrollo en un contexto multilateral en lugar de bilateral?

 

AV - Me parecería importante que dialogaran, a la hora de ayudar a un país, con los demás actores presentes en el mismo para que por lo menos haya una distinción de roles y para que dicho país pueda escoger entre las diferentes opciones que se le ofrecen. Yo represento a una institución multilateral, creo en el multilateralismo y, por cierto, me encanta que España nos haya apoyado tanto en los últimos años en este afán, porque hace que la cooperación al desarrollo sea más objetiva y eficiente. Pero no todo puede encuadrarse en un ámbito multilateral porque, lógicamente, hay flujos paralelos. Aun así, es muy importante que el país que recibe ayuda tenga capacidad de coordinar los flujos y de escoger, de tal forma que pueda evaluar bien las diferentes opciones que se le ofrecen.
 


 

P - En una reciente entrevista con este diario, Kristalina Georgieva, comisaria europea de Ayuda Humanitaria, dijo que la comunidad internacional ha caído en la trampa de fijar expectativas demasiado altas para reconstruir Haití tras el terremoto que sufrió el año pasado. ¿Está de acuerdo?

 

AV - Si ha habido una 'tormenta perfecta' y acumulativa a lo largo de décadas en la historia del desarrollo, ésa ha tenido lugar en Haití, que ha sufrido dictadores, desastres naturales, mal gobierno y corrupción, entre otras cosas. El error, si es que ha existido, parte de un plan de refundación del país que el Gobierno haitiano presentó dos meses después del terremoto y que seguramente se ha revelado ultra-ambicioso. La refundación no se está dando y las condiciones políticas no permiten recrear las bases del país. No obstante, necesitábamos ser ambiciosos porque es un país que hay que reconstruir casi desde sus cenizas. El problema es que el ritmo de interés y de los flujos financieros que se prometen en el auge de la emocionalidad no se mantiene a lo largo del tiempo. Por eso hay que entender que, en el mejor de los casos, el desarrollo es cuestión de décadas, no de años.


Fuente: Aquieuropa
www.aquieuropa.com

 




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