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Domingo 05-02-2012
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La nueva comitología: un sistema
La nueva comitología: un sistema El Tratado de Lisboa ha sido 'vendido' como un avance democrático para la UE que aporta más transparencia al proceso de toma de decisiones y más poder a la Eurocámara. Nada más lejos de la realidad, según Daniel Guéguen. En una entrevista con Aquí Europa, este profesor de Harvard con 35 años de experiencia como lobbyista en Bruselas asegura que el Tratado sustituye la comitología por un nuevo sistema para la adopción de reglamentaciones técnicas en el que prácticamente todo el poder queda concentrado en manos de la Comisión Europea. En su opinión, se trata de una bomba a punto de estallar, lo que ocurrirá cuando los Veintisiete se den cuenta de lo que firmaron en la capital portuguesa.

El 1 de febrero publicó la obra 'Comitología. El poder europeo confiscado', que pinta un panorama muy alejado de la bucólica realidad de democracia y transparencia reforzadas que los dirigentes europeos han presentado con la llegada del Tratado de Lisboa.

Según Guéguen, ese texto sí incrementa la transparencia y el poder de la Eurocámara en las normativas adoptadas por el procedimiento 'visible', el de la codecisión, pero no en los actos técnicos que completan esas directivas, y que constituyen el 92% de la legislación comunitaria. En su opinión, los cambios del Tratado de Lisboa instauran un sistema aterrador en el que los funcionarios de bajo rango de la Comisión concentran todo el poder, dejando de lado al Parlamento y al Consejo.

¿En qué consiste la comitología? Para no avasallar a los legisladores con los aspectos jurídicos más técnicos, desde los años 60 la Comisión Europea tiene capacidad para perfilar y completar las leyes que el Parlamento Europeo y el Consejo de la Unión Europea aprueban. Sin embargo, como los Estados miembros querían preservar su control sobre el proceso de decisión, se decidió que expertos nacionales y el Ejecutivo comunitario trabajaran conjuntamente. Para ello, se crearon los llamados comités de expertos, que dieron paso a un complejo sistema para delegar el poder conocido como comitología. Ésta se reformó profundamente en 2006 y ahora el Tratado de Lisboa vuelve a  ambiarla, cuando las modificaciones de hace cuatro años empezaban a arrancar.

Con el texto lisboeta, la 'comitología' como concepto desaparece y es sustituida por los actos delegados -que el Tratado define como actos no legislativos de alcance general que completan o modifican determinados elementos no esenciales de un acto legislativo - y por los actos de ejecución. Según Guéguen, estos últimos son más opacos que los anteriores, y su puesta en práctica precisa de un acuerdo marco por codecisión.

- ¿Cómo explicar al ciudadano europeo qué es la comitología?

Daniel Guéguen- Es fácil. Hay que entender el proceso de decisión en la UE como un iceberg, que tiene una parte visible y otra oculta, que es mucho más grande que la que está en la superficie. La Europa escondida es mucho más importante que la visible. Esta última es la constituida por la Comisión, el Parlamento y el Consejo que, de forma totalmentetransparente, adoptan unas 50 directivas al año. Y bajo el agua, hay una inmensa maquinaria, formada por expertos y controlada esencialmente por la Comisión, que produce reglamentaciones técnicas, que conocemos como comitología: 2.500 reglamentos se aprueban anualmente con este sistema, es decir, 50 veces más que con el otro procedimiento. En otras palabras, el 98% de la legislación europea procede de la comitología.

- ¿Por qué se hacen las cosas así?

DG- Porque antes las directivas eran textos muy precisos, mientras que ahora son directivas marco, basadas en el mínimo común denominador, y todos sus anexos técnicos gestionados en comitología.

Hubo una reforma muy importante del sistema en 2006, y apenas puesta en  archa, el Tratado de Lisboa vuelve a modificarlo todo. Los especialistas como yo pensábamos que esos cambios serían muy modestos, pero nos equivocamos, ya que se trata de una reforma con el Tratado de Lisboa, el ganador es el Parlamento, lo que es cierto para el poder visible [los asuntos aprobados por codecisión], pero en lo que concierne al poder oculto, que es el más importante, el vencedor es la Comisión.

No se dieron cuenta de lo que firmaban

- A pesar de las fuertes consecuencias de este cambio, no se oye hablar demasiado de este tema...

DG- Nadie lo había anticipado: ni los lobbyistas, ni las ONG, ni la sociedad civil, nadie. No ha habido información, este cambio se ha introducido de forma extremadamente poco transparente. Pero la sorpresa todavía es más grande en los Gobiernos nacionales, que firmaron el Tratado de Lisboa y ahora descubren que hay cosas que no habían previsto, por lo que han quedado como unos tontos. Se empiezan a dar cuenta de que han perdido mucho poder y no saben cómo reaccionar. No están muy contentos, pero se les responde que han firmado el texto lisboeta y que no les queda más remedio que aplicarlo.

- ¿Y cuál es la postura del Parlamento Europeo?

DG- Allí no parecen darse cuenta de la situación, no conocen muy bien el sistema, creen que son los vencedores del Tratado de Lisboa, incluso en lo que respecta a la comitología.

En mi opinión se equivocan. Pierden mucho poder en los actos delegados, y pierden totalmente el control en los actos de ejecución.

Este nuevo sistema da el control a una administración, cuando debería estar

enmarcado por el poder político. Y cuando uno habla con funcionarios, e incluso algunos eurodiputados, dicen que es normal delegar las cuestiones técnicas a la Comisión, porque es la más competente.

- Uno de los capítulos del libro se titula 'El funcionario europeo más pequeño es el dueño de la Unión'. ¿Por qué?

DG- En el fondo, el más pequeño funcionario europeo, el desk officer, va a hacer un proyecto de reglamento que va a ser presentado al Comité de Reglamentación, si éste se opone pasa al Consejo de ministros, que o bien lo adopta o bien lo rechaza por mayoría cualificada. Si quiere obligar al funcionario a modificar su texto necesita la unanimidad, es decir que los Veintisiete Estados miembros quieran hacer cambiar de parecer al desk officer. De ahí el título del capítulo.

En el nuevo sistema, el funcionario de turno propone a las 9 de la mañana un acto delegado, a las 12 se lo presenta a su director general, que da su acuerdo, a las 2 de la tarde ya está adoptado por el Colegio de comisarios. Es un sistema muy rápido, en el que no interviene ningún experto nacional y en el que el funcionario de base tiene un gran poder.

Y esto tiene importantes implicaciones para los lobbyistas [que representan los intereses de empresas y grupos de la sociedad civil, en definitiva, de los ciudadanos], que si están en contra de la propuesta y el funcionario no les quiere escuchar no pueden hacer nada. En otras palabras, el sistema pierde su carácter democrático, su contacto con el mundo real.

Tenemos una UE muy técnica que legisla de una forma muy autócrata.

Nos han 'vendido la moto'

- El Tratado de Lisboa se presenta como una mejora del sistema de toma de decisiones, se dice que ha creado una UE más democrática. Sin embargo, desde su punto de vista, éste no es el caso...

DG- El Tratado crea problemas tanto en lo alto como en lo bajo de la pirámide. En lo alto, se ha puesto a Herman van Rompuy y a Catherine Ashton, y ya se ve que no funciona.

Después se crea ese Servicio Europeo de Acción Exterior, que es una monstruosidad, va a costar una fortuna, es muy complejo y encima no tenemos política exterior europea.

Pasamos mucho tiempo abordando temas falsos, dejando de lado las cuestiones importantes.

Pero en la parte baja de la pirámide todavía es peor, porque no sólo se pasa a un sistema más complejo, sino totalmente ingobernable.

En la reforma de 2006, hubo que verificar cada texto para adaptarlo a esa reforma, tarea que costó más de tres años. Y en 2009 llega el Tratado de Lisboa. Esto quiere decir que el sistema de 2006 nunca se ha utilizado. Es escandaloso desde el punto de vista del la energía, el tiempo y el dinero perdidos.

Y lo que es peor, la mitad del nuevo sistema todavía tiene que decidirse, en lo que a actos de ejecución se refiere.

En definitiva, va a haber tres sistemas ¿Cómo quiere que alguien comprenda algo?

Lo más grave es que la Comisión, aparentemente, domina bien este sistema, mientras que los Estados miembros están perdidos, el Parlamento también y los lobbyistas, ni le cuento.

- ¿Cuál es el problema de los actos delegados según la formulación del Tratado de Lisboa?

DG- El acto delegado es un acto no legislativo, general pero no esencial. Los actos de ejecución no están bien definidos, pero podemos pensar que son actos no políticos, no generales y más bien técnicos. Y la palabra comitología desaparece, no hay un nombre que englobe a ambos.

Para los actos delegados, la Comisión propone, adopta y ya no hay expertos nacionales, por lo que los Estados miembros ya no tienen nada que decir. Sólo pueden actuar más tarde, en el momento del veto.

Miedo a hacer el ridículo

- La aplicación de los actos de ejecución precisa de un acuerdo por codecisión.

¿Cómo van los trabajos?

DG- Estamos en primera lectura. Los Veintisiete no saben y no hablan porque no quieren resultar ridículos, porque ellos han aprobado esos cambios que les perjudican en el Tratado de Lisboa. El Parlamento no comprende lo que pasa.

- ¿Podrá haber un acuerdo en Presidencia española?

DG- Es imposible. Ni siquiera creo que sea viable este año.

- Dice usted que sistema va a ser ingobernable. ¿Cuáles pueden ser las

consecuencias para los ciudadanos y las empresas?

DG- Los ciudadanos, que ya comprenden poco, van a entender menos, por lo que se van a sentir todavía más alejados de la UE. Las empresas y las ONG van a tener el mismo problema. ¿Cómo hacer lobbying con un sistema así? ¿Qué harán si el desk officer no les escucha?

Pero el verdadero problema es político. Este asunto va a provocar desastres. Creo que muy pronto habrá un conflicto. Tarde o temprano un Estado miembro dirá que se ha adoptado algo que le perjudica sin consultarle, y llevará el caso al Tribunal de la UE. El sistema se bloqueará muy rápido y habrá que introducir una nueva reforma, es decir una nueva pérdida de tiempo. La Unión seguirá paralizada entrándose en temas no importantes, mientras que el mundo sigue moviéndose.

- ¿Cómo es posible que los Veintisiete hayan firmado un Tratado que les quita poder?

DG- No lo consigo entender. Los juristas estaban al corriente, pero los Estados miembros no han entendido el cambio. En las conferencias que doy, a veces se me pregunta si ha habido una conspiración. En mi opinión ha sido una estrategia de los juristas, que han inventado un sistema cuyas consecuencias nadie percibió y todo el mundo firmó.

- ¿A qué juristas se refiere? ¿A los que han redactado el Tratado de Lisboa, a los de la Comisión?

DG- A todos.

- ¿Y con qué interés lo han hecho?

DG- Porque creen que la Comisión es más competente. Es un error, porque los tecnócratas no tienen el poder político, necesitan ser controlados.

- ¿En su opinión, José Manuel Barroso, presidente de la Comisión, estaba al corriente?

DG- No lo sé, pero en cualquier caso beneficia a su institución. Éste es un asunto del secretariado general. Pero con graves consecuencias, porque prácticamente todo se decide en comitología. Esto es lo aterrador.

- ¿Y los eurodiputados y los Estados miembros no han comenzado a protestar ya?

DG- En los países de la UE ya empiezan. En Alemania están muy enfadados, también algunos ministerios en Francia. Pero va a llevar su tiempo.

 Fuente: Aquíeuropa




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