International Herald Tribune. Artículo de John Vincour.
A pesar de tener la peor tasa de paro de la UE, el 19,3%; una calificación negativa de la deuda soberana y un déficit cercano al 11%, se supone que España, y no bromeo, ha de dar impulso a una nueva estrategia de crecimiento a 10 años de la UE a tiempo para una reunión inaugural en Valencia hacia finales de marzo. Es la continuación de la Agenda de Lisboa de 2000, que se suponía que debía hacer de la economía de la UE ‘la más competitiva y dinámica’ del mundo, pero que desde entonces se describe oficialmente como ‘sinónimo de objetivos no conseguidos y promesas fallidas’. Con este historial –sin acciones correctivas serias en dos años de pronunciado declive económico y marginalización como actor en política exterior bajo el Gobierno socialista del presidente José Luis Rodríguez Zapatero-, ¿cómo esta España funcionará con su parte del león de la gestión europea que con tanto entusiasmo asumió? Por el momento hay indicios de incoherencia.
Por un lado el ministro de Exteriores Manuel (sic) Ángel Moratinos ha hablado de una España que actuará ‘con modestia y discreción’ dejando margen para que Van Rompuy y Ashton dirijan y conduzcan. A la vez, Madrid, como gallo en corral propio, ha organizado una serie de cumbres que parece como pan y circo para la audiencia interna en momentos de miseria económica. Según informaciones desde Madrid, una de las máximas animadoras de Zapatero, Leire Pajín, está llegando al extremo de habar de la reunión rutinaria semestral entre la UE y Estados Unidos como un acontecimiento de importancia ‘planetaria’ entre “dos fuerzas progresistas de ambos lados del Atlántico. Lo que suena como si Van Rompuy fuese a estar sólo de paso.
Si depende de España, ya lo sabemos: un oportunista Gobierno Zapatero, más rico y más creído, anunció en 2005 la venta de barcos de guerra y aviones de reconocimiento por valor de 1.700 millones de dólares al venezolano Hugo Chávez antes de que parte del acuerdo se rompiese. En cuanto a Oriente Próximo, el abierto sesgo pro-palestino de España y la antigua y profunda desconfianza de Israel hacia Moratinos situarían al Gobierno Zapatero como una negociador con desventajas para Europa y alejaría más la perspectiva de un mayor papel de la UE en Oriente Próximo. ¿Y por qué habría de otorgar especial simpatía la decisión unilateral de Zapatero de sacar las tropas españolas de Irak de 2003 ante una Administración demócrata en Washington?
En realidad, recibió la desaprobación del candidato demócrata a la presidencia John Kerry. Estos días, el presidente del Gobierno, con sus índices de aprobación bien adentrados en territorio negativo, ha parecido ver alguna ventaja en el envío de otros 500 hombres a Afganistán. A pesar de todo esto, se ha informado que Van Rompuy ha percibido que España está tirando de la sábana de la presidencia de la UE en una dirección interesada en unos momentos en los que debía de estar estableciendo un precedente colocando menos banderas propias. Esa es una reacción con determinación, pero está lejos de garantizar un cohesionado y convincente comienzo de un Nuevo y Feliz Nuevo Mundo Euro.
EurActiv.com
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